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Martes de la tercera semana del tiempo ordinario

 

ESCUELA DE VERANO 2016
Centro Contigo JMV (La Línea de la Concepción)

♦ Un espacio de SERVICIO

Una experiencia de ORACIÓN

Un ENCUENTRO con el otro

♦ Una escuela de FORMACIÓN

 

 
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MEMORIA DE UNOS DÍAS...

 

Mi nombre es Sonia, actualmente presto un servicio a la Asociación como Presidenta Provincial en la Provincia de Santa Luisa. A día de hoy puedo decir que la Asociación forma parte de mi vida y que dentro de ella he crecido tanto personalmente como a nivel de Fe.

Este verano, en concreto para mí ha sido un tanto especial o así me lo he tomado yo. En el mes de julio vivíamos unos maravillosos 15 días en Benagalbón, Encuentro y Escuela. Solemos decir que aquel sitio tiene “magia” y no quito razón a esa expresión. He vivido muchos años el Encuentro y la Escuela, pero este año ha sido diferente, no sabría muy bien qué palabras utilizar para explicarlo pero he sentido y visto a Dios en cada momento vivido y compartido, en los jóvenes, en las catequesis y dinámicas, en las celebraciones y en cada una de las clases impartidas en la Escuela.

Tras estos 15 días en Benagalbón, la última quincena de agosto realicé servicio en el Centro Contigo, La Línea de la Concepción. Supongo que muchos de vosotros habréis oído hablar de este lugar, igual que yo he oído hablar en tantas ocasiones, pero ahora en primera persona puedo transmitir el trabajo que allí se realiza, los proyectos que mantienen día a día y la cantidad de gente que trabaja por y para el pobre.

Cuando me pedían que escribiera mi testimonio se me hizo un poco difícil ya que es complicado transmitir en palabras lo que allí se vive y se comparte. Aun así, lo voy a intentar.

Los primeros días fueron un poco “extraños”, ya que estábamos empezando a hacernos con la casa, a conocer a la gente y a saber cuál era nuestra labor allí. Pero poco a poco esta sensación de “extrañeza” se fue evaporando. Durante las mañanas trabajábamos con los niños en la Escuela de Verano, las edades están comprendidas entre 3 y 18 años, distribuidos en grupos según la edad. A parte del desayuno y la comida y el lavado de dientes, se realizaban con ellos distintas actividades y dinámicas y apoyo escolar. Hubo días de todo, algunos en los que me sentía realizada y agradecida al terminar la mañana, pero también hubo momentos de agobio, de no saber qué hacer. Por supuesto me quedo con los momentos de risas, los abrazos, las miradas y el amor incondicional que, a pesar de conocerte pocos días, ellos sienten por ti. De los otros momentos, de los de agobio, me quedo con lo aprendido.

Además de la Escuela de Verano, durante las tardes están programadas otras actividades. La primera semana tuvimos formación sobre el “Eneagrama”, algo de lo que no había oído hablar nunca y he aprendido mucho. Respecto a la formación, puedo decir que es algo que compatibiliza muy bien con la Escuela de Verano y veo necesaria para el día a día.

Los otros días, pudimos compartir las tardes con los distintos proyectos que hay en la zona. Como el “Hogar Marillac”, enfermos de VIH, los pisos “Alma” de Algeciras, mujeres víctimas de trata y en riesgo social y “Cerca del Hogar”, jóvenes, inmigrantes la mayoría, a los cuales les ayudan para una integración laboral. Personalmente, estas experiencias han hecho que crezca un poquito más, el compartir con ellos sus experiencias hace que valores mucho más la vida y el ver la ilusión y la alegría con la que trabajan día a día por salir adelante hace que te plantees muchas cosas. Con todos ellos compartimos las tardes de la segunda semana, hicimos convivencias en la piscina, barbacoa y hasta un concurso de baile. Todo esto, tanto para ellos como para nosotros, significó salir de la rutina y ¡no os podéis imaginar lo que transmitían sus caras!

Lo que cuento, creo que no hubiese sido capaz de hacerlo sin ayuda de las personas que trabajan allí en el día a día. El ambiente que se creó fue muy rico, éramos poquitos (al principio) pero luego poco a poco se fue uniendo gente y lo que más me llamó la atención fue la variedad de edad. Los momentos de compartir eran muy necesarios, y el día a día se llevaba mucho mejor.

Para terminar puedo asegurar que me he encontrado con Dios en cada una de las personas que he conocido y por supuesto he podido comprobar el trabajo que allí se realiza, en todos los proyectos, todo por un mismo AMOR.

Recuerdo las primeras palabras que nos transmitían en forma de Carta al comenzar este servicio: “Nuestro tiempo exige personas valientes, transparentes, humildes, con los ojos bien abiertos, sensibles a las necesidades y pobrezas, dispuestos a manchar su traje y renunciar a sus comodidades para ponerse al servicio de los demás. Por eso te he llamado. Quiero tus manos para construir el Reino”.

Grandes palabras y difíciles de asumir, cuando las leía no sabía muy bien si iba a ser correspondida con este servicio y a día de hoy puedo decir que ha costado, cuesta ser valiente, transparente, tener los ojos abiertos ante las pobrezas y sobre todo manchar nuestros trajes y renunciar a nuestras comodidades. Pero una vez más, me he dado cuenta que Dios llama, que ÉL empuja, no nos abandona y ante cualquier debilidad ÉL ESTÁ A NUESTRO LADO.

Creo firmemente que no hay nadie mejor ni peor ante un servicio, estoy segura que hay que dejarse hacer por Dios para darse a los demás, y así lo he hecho, en todo momento, desde la oración, me he dejado hacer por ÉL, compartiéndolo y apoyándome en la fuerza de la comunidad.

 

Sonia Delgado - JMV Provincia Santa Luisa
Publicado en la revista nº 111. Octubre 2016

 

Del 15 al 28 de agosto tuvo lugar en la Línea de la Concepción la Escuela de verano que año tras año pone en marcha el Centro Contigo. No puedo contar todo lo que me gustaría porque no conozco tanto como me gustaría; quince días no bastan para empaparte de lo que allí se vive. Sor Magdalena dice que a las 24 horas de pisar esa casa te conviertes en veterano; bien, yo soy una veterana que sólo ha sacado una cosa en claro: en mi corta experiencia de vida, y más corta todavía de servicio al pobre, puedo decir que el Centro Contigo es el lugar que más dolor acoge y más amor desprende. Y ¿cómo un Centro puede hacer esa fotosíntesis tan rara de inspirar dolor y expirar amor?, la respuesta es sencilla: la Comunidad. Los trabajadores, los voluntarios y las familias que han crecido en esas cuatro (o más de cuatro) paredes y se han sentido con deseo de que sus hijos vivan lo mismo que ellos. Las personas responsables del Centro viven y trabajan por los niños, desde el más pequeño al más grande, desde el más dulce al más trasto, conociendo sus vidas, su situación familiar y poniendo todo su esfuerzo y cariño en hacerles felices.

A nivel de proyecto social, la Escuela de verano atiende a las necesidades de los menores que viven con recursos insuficientes: en la Escuela se les procura una alimentación y una higiene adecuadas, y se trabaja con ellos el ocio y el apoyo escolar. Del apoyo no puedo decir nada porque no soy maestra, por mucho que los niños me llamaran así, algo que llena el corazón de orgullo, debo decir. Del ocio y los juegos sí puedo hablar y diré que nunca he visto a nadie disfrutar tanto con cosas tan sencillas: bailar por las mañanas, pintar una cueva rupestre, tirarse a la piscina, pintar con los pies… cosas que a simple vista tampoco cuestan mucho y despiertan en ellos todo lo que por naturaleza tiene que tener un niño: creatividad, curiosidad y deseo constante de explorar, todo ello sin miedo de caerse o de mancharse. Estas dos semanas he visto niños que, con mucho menos de lo que yo tuve y con muchísimo menos de lo que ahora tienen el resto de niños, son capaces de disfrutar, divertirse, gritar, saltar, correr y nunca aburrirse. Uno de los lemas del Centro Contigo es “haz niños felices y serán buenas personas”; con más o menos recursos, con más o menos trabajo, tengo la absoluta certeza de que ellos lo serán.

La primera semana, por las tardes, tuvimos el lujo de recibir una extraordinaria formación sobre el eneagrama, un sistema que te permite conocerte mejor, y conocer y comprender más a las personas que nos rodean. A todos nos dejó con ganas de más y convencidos de que esa formación nos iba a ser muy útil en adelante. Las tardes de la segunda semana no fueron tanto de aprendizaje teórico sino práctico, porque compartimos momentos maravillosos con los chicos del Hogar Marillac, los adolescentes del Centro Contigo y las mujeres del Proyecto Alma. De todos ellos recibí mucha vida, escuché historias que me llenaron de rabia y aprendí a ver a Dios en el rostro de cada uno de ellos.

Dicen que cuanto más aprendes más te das cuenta de lo poco que sabes; pues he aprendido tanto que vuelvo con la sensación de no saber nada. No pocas veces estando allí me venían a la cabeza las palabras de san Vicente: “Señor, yo no lo sabía”, fui con la premisa de que me iba a encontrar a niños indisciplinados a los que había que educar en valores y enseñar, y han sido ellos los que me han enseñado a mí a divertirme de la forma más sencilla; fui con la expectativa de que los chicos del Hogar Marillac iban a ser del mismo modo que los que me encuentro en el programa de Cruz Roja y me han enseñado que el cariño y la gratitud son escasos y valiosos. Pensé que la rabia y la indignación que me hizo sentir el testimonio de una mujer de "Alma" era el motor para solucionar el problema de la trata y ella me enseñó que el perdón y la sonrisa perenne son armas mucho más poderosas. ¿Quién enseña a quién?, ¿quién recibe más?

Ahora sé que Dios no me puso en ese lugar para enseñar y para dar sino para aprender y recibir. Ahora se me ha hecho presente una frase que me dijo un amigo cuando le hablé del miedo y de la inseguridad que me producía un servicio. Me dijo que Dios no elige a los capaces sino que capacita a los elegidos. He aprendido que cuando Dios pide hay que decirle que sí, aunque te estés muriendo de miedo, aunque pienses que te vas a arrepentir porque de todos modos te vas a arrepentir toda la vida si le contesta que no. Hasta el verano que viene.
 

Ruth Sáenz - JMV Provincia Santa Luisa
Publicado en la revista nº 111. Octubre 2016

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