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Martes de la tercera semana del tiempo ordinario

 

ESCUELA DE VERANO 2012
Centro Contigo JMV (La Línea de la Concepción)

♦ Un espacio de SERVICIO

Una experiencia de ORACIÓN

Un ENCUENTRO con el otro

MEMORIA DE UNOS DÍAS...
(artículo revista JMV)

  Educar desde el corazónLA EXPERIENCIA DE ACTUALIZAR EL CARISMA VICENCIANO

Durante estos días de servicio vicenciano, los Superhéroes dedicamos parte de la tarde a la formación profundizando en la Nota Vicenciana de la Asociación. Compartimos, desde aquí, las reflexiones que está provocando en nosotros la experiencia de actualizar el Carisma Vicenciano en forma de caminos. Como puesta en práctica, al finalizar cada reflexión presentamos una imagen simbólica que tiene mucha relación con el tema reflexionado. 

 

Séptimo camino:
Hacer de la vivencia del carisma un camino de santidad

En nuestras maletas queda poco espacio. Después de dos semanas llenas de momentos y palabras, se nos hace raro el plantearnos que hay que volver a casa. Así que afrontamos los últimos días de la escuela más dispuestos que nunca a darnos a los niños y a sus familias. Así nos lo planteaba el Evangelio estos días, “os aseguro que si no cambiáis o no os hacéis como niños, no entraréis en el Reino de los Cielos”. De ellos y con ellos hemos aprendido la sencillez a la hora de pedir ayuda, la capacidad de confiar, el amar de forma gratuita, el superar los miedos, el tener paciencia, el ver la realidad con otros ojos, el despertar a la vida cuando te sientes amado, la importancia de tener un buen referente, en qué consiste la autopromoción… Y esto no lo decimos a la ligera, sino que cada una de esas actitudes tiene para nosotros un nombre, un rostro, un momento y una historia.

Ésta es una de las grandezas que tiene el proyecto del Centro Contigo: la experiencia del encuentro con Dios en los niños… en el pobre... Al menos así es como lo estamos viviendo desde esta comunidad, lo que nos ha provocado una gran felicidad. Y nos sentimos felices al ser pacientes, al consolar a los afligidos, al saciar el hambre, al ser misericordiosos y al aprender de los niños. Experimentamos, en definitiva, lo que orábamos durante la mañana en el texto de las Bienaventuranzas. Algo que nos ha hecho plantearnos qué nos hace felices, cómo cambia nuestra felicidad cuando ponemos el servicio en el centro de nuestra fe, y qué nos ha llevado a debatir sobre este último camino: el carisma como medio para la santidad.

Entendemos este concepto de santidad como la vivencia real de las Bienaventuranzas y el dejarse hacer por Dios, llegar a ser de Dios. Algo a lo que todos los cristianos estamos llamados, pero que para nosotros, como jóvenes de JMV, se complementa con esa búsqueda de la voluntad de Dios, sensibilidad ante las pobrezas, transparencia y espíritu de colaboración. Creemos que asumir esto supone mostrarnos proactivos en la búsqueda de servicios, partir desde la oración y contar con un acompañamiento que permita integrarlo en nuestro proyecto de vida. Este ideal contrasta con las dificultades que nos encontramos como la falta de constancia, de oración personal, el consumo de experiencias, pereza para buscar ese acompañamiento, relegar los momentos de oración, servicio y comunidad en nuestros Centros y en nuestra vida de fe, o el ser coherentes en el resto de nuestras realidades.

Con esta reflexión de fondo, nos planteamos dónde queda todo lo que hemos vivido, sentido y descubierto durante la escuela de verano dentro de este pedacito del Reino de Dios. En nosotros algo se ha transformado y la única forma de hacerlo vida es compartirlo en nuestras realidades, hacerlo presente en nuestra cotidianeidad. Buscar ese acompañamiento y seguir creciendo nosotros para poder dar respuesta a este sentirnos enviados a ser sal y luz. Ahora tenemos oportunidad de ser puente para que otros se sientan llamados al servicio, a transformar nuestros proyectos, centros y parroquias en experiencia viva de Dios. Si hemos descubierto todo esto pasando dos semanas en el Centro Contigo, ¿os imagináis lo que nos transformaría a todos si convirtiéramos el carisma vivenciano en nuestro verdadero estilo de vida? Seguro que haríamos realidad el lema de esta escuela: cambiemos el mundo.

Tampoco queremos que el foro de reflexión que hemos abierto desde esta comunidad acabe aquí. Contamos con un montón de herramientas, como por ejemplo facebook, para seguir entre todos reflexionando sobre cómo actualizar el carisma vivenciano. Estos siete caminos que hemos ido planteando sólo son algunas ideas, pero desde nuestras distintas realidades seguro que podemos descubrir otros. Ahora toca seguir caminando juntos.

Superhéroes de la Escuela de Verano

 

Con esta foto queremos simbolizar que nuestra experiencia se convierte ahora en camino para todos. Es camino para los niños y sus familias, para las personas que llevan durante todo el año este proyecto, para nosotros y para los que nos rodean. Un camino que nos hace felices porque, como bien reza el lema del Centro Contigo:
“Haz niños felices y serán hombres buenos”.

 

Quinto camino:
Involucrar a los jóvenes en el servicio de los pobres

Sexto camino:
Comprometerse en la misión "ad gentes"

La luz es una de las características que tiene esta casa. No sólo porque estemos cerca del mar ni por todas las sonrisas que entran aquí cada día. Esta casa tiene luz propia porque es igual que esa zarza que arde sin consumirse. Nos calienta, nos guía y nos ilumina a través de las experiencias que vamos teniendo entre sus cuatro paredes. Este servicio nos muestra que muchas veces es nuestra propia luz la que nos asusta, una luminiscencia a la que no podemos renunciar porque, al empequeñecernos, no ayudamos a cambiar el mundo. Al dejar brillar nuestra propia luz, inconscientemente, damos permiso a  otros de hacer lo mismo. Al liberarnos de nuestro propio miedo, nuestra presencia libera automáticamente a otros. Así lo cantábamos durante la oración de la mañana: “¡y qué más quieres que alumbrar, qué más quieres que dar vida!”

Luz y vida que parten de una experiencia de reconciliación con el hermano, con uno mismo  y con el Padre. El rehacernos como el barro, dejándonos modelar por la Palabra, nos ha llevado a reflexionar qué supone esto para nosotros. Por ello, hemos abierto dos nuevos caminos dentro de nuestro foro sobre cómo actualizar el carisma vicenciano y hemos profundizando sobre la dimensión de la caridad y la misión. Si de verdad somos luz y vida, ¿dónde alumbramos?, ¿cómo transmitimos aquello que nos hace sentir vivos? ¿Somos antorchas en nuestros lugares de origen?, ¿cómo entendemos la caridad, el servicio y la misión?, ¿nos sentimos responsables de evangelizar?

Involucrar a los jóvenes en el servicio a los pobres 

El hecho de estar atentos a las realidades que nos rodean y darles una respuesta integral nos lleva al servicio directo al pobre. En este sentido y haciendo un ejercicio de introspección, ¿participamos y promocionamos entre nuestros jóvenes el servicio vicenciano? Se trata de una de las Notas más importantes que tiene nuestra Asociación y, sin embargo, creemos que está pasando a un segundo plano. Nos sobran las excusas para no encontrar el tiempo o el tipo de servicio al que dedicarnos, porque se nos olvida cuál es la motivación vital: el encuentro con Dios en el pobre desde el amor. Por ahora, nos queda lejos la frase de San Vicente de vivir el servicio a los pobres “con el sudor de la frente y el cansancio de nuestros brazos”, pasando del amor afectivo al efectivo. En este sentido aún nos queda mucho por trabajar.

Servir sí, pero cada uno desde nuestras realidades, dando respuestas integrales y desde el compromiso personal. Muchas veces nos planteamos cómo fomentar el servicio vicenciano entre nuestros jóvenes, por ejemplo entre nuestros niños y niñas de catequesis, y no caemos en la cuenta de que debemos de ser nosotros el primer referente para ellos acompañando ese proceso en su vida. También, creemos que es vital tener formación, intelectual y espiritual, para discernir qué tipo de servicio es el idóneo para los jóvenes y al contrario, qué necesita la persona que nos recibe. No todos los servicios son para todo el mundo. En esto, como en todo, debemos saber leer la voluntad de Dios en nuestras vidas.

Con esta foto queremos significar que para involucrar a los jóvenes
tenemos que ser referentes

 

Comprometerse en la misión "ad gentes"

Como jóvenes vivimos con la convicción de que si algo realmente nos remueve y mueve el corazón, no podemos callarlo. Por eso hemos pasado todo el año cuestionándonos y descubriendo cuál es esa gran verdad que no podemos mantener en silencio: el mensaje de amor y la presencia de Dios en nuestras vidas. Somos Iglesia y tenemos la responsabilidad de continuar con el anuncio del Evangelio, la cuestión es si somos conscientes de ello. Los cristianos somos por naturaleza misioneros.

Al tomar consciencia de nuestra realidad vemos que la misión está en nuestro propio entorno, está en dar a conocer a Dios en nuestros lugares de trabajo, barrio, familia, amigos… Vemos que estamos en un país cada vez más movido por la indiferencia, por el abandono de la esperanza, de la fe y sumergida en una gran crisis de valores. Así que cuando nos planteamos dónde comenzar a evangelizar, hacerlo en nuestra proximidad nos parece la respuesta más inmediata, siempre cada uno desde su libertad y realidad. Y no evangelizar de cualquier forma, sino desde nuestro ser, es decir, plantear el interrogante de Dios a través de nuestra propia vida.

Se nos lanzan dos retos que vemos llenos de dificultades que nos frenan. Ambos nos exponen a ser criticados, a no ser entendidos en nuestra sociedad, pero también a prepararnos para poder detectar pobrezas y nuevas plataformas de evangelización, y seguir creciendo en nuestra fe para que todo esto se sustente en un verdadero encuentro con Dios. Caridad y misión son un binomio en los que estamos llamados a ser luz y vida. ¿Estás dispuesto?

A través de esta fotografía queremos explicar que todos estamos llamados
a evangelizar, empezando por nuestro entorno más próximo.

Superhéroes de la Escuela de Verano

 

Cuarto camino:
Capacitar líderes laicos para que compartan la misión vicenciana

Según pasan los días, vamos  tomando consciencia de lo que estamos viviendo aquí. El hecho de compartirlo y vivirlo desde la oración, da un nuevo sentido al cansancio, a las dinámicas en los talleres, a la convivencia e, incluso, a los momentos de reunión. Pasar todo lo que estamos descubriendo y aprendiendo por el corazón, y no por la mente, está provocando que cada vez estemos más centrados en el servicio al niño, que tengamos más fuerzas, que nos sintamos libres, que nos veamos como una familia y que queramos seguir compartiéndolo con vosotros. Por eso cada noche, como recogida del día, buscamos una palabra y un momento que nos haya removido, y los compartimos en comunidad.

Buscamos vivir esta experiencia a través de los ojos de Dios y tomar consciencia del aquí y ahora para que nada pase desapercibido, para que nada de esta vida se nos escape. En ese darnos cuenta de las cosas, hemos dado un paso más y reflexionado sobre qué conlleva para nosotros ser conscientes con todo esto, de en qué lugar me deja. Si nosotros también nos miramos con los ojos de Dios, descubrimos que, como jóvenes laicos, también somos su instrumento y nos pide que nos pongamos al servicio de su Reino. Se trata de darnos cuenta de que la misión de la Iglesia también es cosa nuestra y que, por eso, debemos buscar fórmulas de trabajo con las personas de vida consagrada para pasar de “compartir una misión” a sentirnos en “misión compartida”.

Ser co-responsables de construir el reino de Dios, pero no de cualquier forma. La experiencia de San Vicente con los laicos le llevó a entender que es urgente abrir espacios a los líderes laicos, hombres y mujeres, y capacitarlos. En este sentido, nuestra Asociación es una oportunidad para ello que no podemos dejar de aprovechar, tanto para detectar líderes como para formarlos. Ahora bien, ¿qué entendemos por líder?, ¿cómo interpretamos ese liderazgo? Partimos del líder no como aquel a quien asociamos a un cargo concreto, sino como esa persona que es capaz de mover y remover al resto, desde actitudes como la escucha, la comprensión, la humildad, la entrega, el perdón y la capacidad de trabajar. Su papel debería partir del servicio, del amor a la otra persona y no sólo de cumplir responsabilidades que se le son otorgadas. El líder es capaz de dejar paso a otros porque lo que nos lidera, más allá de que se concrete en una persona, es el mensaje del Evangelio. Parte de las cualidades se pueden aprender porque un líder se forja también a través de experiencias de vida.

En cambio vemos que, en nuestros Centros y Parroquias, no siempre nos encontramos con este tipo de líder, sino que está basado más en la autoridad, en un cargo de responsabilidad que se vive desde la “carga” y no desde el amor y el servicio. Una crítica constructiva que nos da idea de todo lo que podemos hacer aún. Algunas de nuestras ideas pasan por  más formación para los jóvenes, potenciar sus cualidades, apoyarles y reconocer su liderazgo desde la comunidad. Consideramos que, para nosotros, tomar consciencia de todo esto tiene cuatro consecuencias muy directas: vivir el liderazgo como servicio, sentirse enviado a ejercerlo, ser coherentes en nuestro estilo de vida y ponerlo en práctica desde nuestro entorno más próximo y desde otros lugares o plataformas.

En este camino de liderazgo, no estamos solos; el líder necesita ser acompañado. En ese acompañamiento, creemos que las personas de vida consagrada juegan un papel muy importante gracias a su mayor experiencia de vida y de Dios. Sin embargo, en un ejercicio de sinceridad, creemos que a la gran pregunta que nos debemos de enfrentar primero es  si estamos dispuestos a asumir la responsabilidades y actitudes que el liderazgo conlleva. La cuestión es si estamos dispuestos a decir sí a la llamada que se nos presenta cada día.

Superhéroes de la Escuela de Verano

 

Con esta imagen queremos representar que todos podemos aprender a ser líderes, contando con el apoyo de la comunidad,
y llevando siempre el Evangelio como base del liderazgo.

 

Tercer camino:
 Asumir con valentía las consecuencias socio-políticas de la fe

“Cuando hay nubes en tu vida y no encuentras la salida, nunca pierdas la esperanza, sigue luchando y verás que existe una gran familia, de gente que vive unida, que sirve y cuida la vida para cumplir la misión. Justicia, fe, tolerancia y disponibilidad. Fuerza interior y perdón, el héroe del amor. ¡Cambiemos el mundo!”. Esta es la canción con la que damos la bienvenida a los niños y sus familias cada mañana. Aunque ya entramos en el Ecuador de la Escuela de Verano, seguimos con la misma convicción que teníamos el primer día de aprender para cambiar nuestras realidades.

Durante esta primera semana nos hemos sentido como ese bloque de mármol que con tanta dedicación trabajaba Miguel Ángel. “Se trata de quitar los trozos que sobran porque la escultura está dentro”, defendía. A través del servicio nos vamos superando, entregando nuestros dones a los niños, desprendiéndonos de las esquirlas que no dejan ver a la verdadera obra de arte. Y acompañando, a las familias y niños del Centro Contigo, a quienes les hemos dedicado el fin de semana creando un espacio de ocio y convivencia donde seguir compartiendo con ellos.

Y como es natural, toda obra de arte, única e inédita, tiene su lugar en el mundo. Por eso hoy nos preguntamos, como cristianos, ¿dónde estoy colocado?, ¿en dónde estamos siendo motor de cambio?, ¿dónde damos testimonio de nuestra fe? Uno de los retos más directos que se nos plantea a los cristianos es vivir nuestra fe con coherencia en todas las esferas de nuestra vida. Somos seres sociales por naturaleza, así que no podemos aislarnos y vivir nuestra fe solamente en el oratorio o en nuestra comunidad, sino que día a día interaccionamos con el resto de la gente y con todo un sistema político, entendida la política como la responsabilidad de velar por el bien común.

Forma parte de nuestra responsabilidad conocer los acontecimientos que ocurren en nuestro mundo. Si no conocemos la realidad, ¿cómo vamos a proponer un cambio?, ¿cómo vamos a invitar a una nueva forma de entender la vida si no sabemos en qué consiste ésta? Es cierto que el mensaje del Evangelio es el mismo y no es caduco al tiempo, pero sí debemos ser capaces de leer y entender nuestra realidad para poder hacerlo presente. En nuestros trabajos, en las conversaciones cotidianas en el autobús, en nuestra familia… en todas esas esferas de nuestra realidad seguimos siendo cristianos. Además, como vicencianos estamos llamados a estar atentos a las pobrezas para luego poder dar una respuesta integral. Esta responsabilidad nos lleva a hacernos presentes en la política, a través de las herramientas que ya existen como foros, medios de comunicación, vida asociativa u organizaciones locales. Consideramos que es necesario estarlo, cada uno en la medida en que se sienta llamado y preparado para ello.  En definitiva, el reflejo de los cristianos en la sociedad es la muestra de la coherencia con que vivimos nuestra fe. Por eso nos planteamos qué hacemos desde JMV para fomentar esta participación activa en todas estas esferas e incluso para fomentar el trabajo en red con aquellos que no pertenecen a nuestra Asociación, pero que comparten nuestra misma fe.

Dentro de nuestra reflexión hemos identificado, además, una inquietud común. Formamos parte de una Iglesia plural que, en los últimos tiempos, se ha polarizado perdiendo para nosotros unidad. Esto complica que nos sintamos capaces de ser portavoces dentro de las esferas sociales donde los cristianos participamos diariamente. A pesar de esto, no podemos olvidar que nuestro programa electoral sigue siendo el Evangelio y que es éste, el que ante todo debemos defender.

Si echamos un vistazo a nuestros Centros descubrimos que esta dimensión de vivencia de nuestra fe es una de las que más descuidamos. “Id por el mundo y anunciar el Evangelio a toda persona”, pues bien observemos, conozcamos y sumerjámonos en nuestro mundo. Hay que saber cómo es el lugar donde somos enviados y prepararnos para ello, como individuos y como Iglesia.

Superhéroes de la Escuela de Verano 

 

Con esta foto queremos significar cómo el hecho de defender y mostrar nuestra fe en todas las esferas de la sociedad, te hace ir contracorriente.

 

Segundo camino:
Educar a los pobres para que sean artífices de su autopromoción

 Seguimos caminando. Continuamos dando pasos hacia el hermano desde la oración y siempre en comunidad. Eso hace que las mañanas sean cada vez más intensas. Se sienten abrazos, miradas de complicidad entre maestros y niños, alguna reprimenda y, sobre todo, mucha entrega de héroes a quienes no les importa bajar por una pared, ser secuestrados o construir un coche para Batman. Y con cada uno de esos momentos, se va cultivando la confianza, nos vamos conociendo y nos vamos dando al otro. Es cierto, nos vamos descubriendo como personas, con nuestros superpoderes y con nuestras limitaciones, y desde ahí seguimos creciendo para lograr esa autopromoción de la persona que os contábamos en nuestra última entrada. Como cristianos, la oración y los momentos de silencio nos brindan el espacio donde generar ese encuentro con nosotros mismo y con el Padre. Por eso consideramos primordial aprender a orar y a buscar esas experiencias de amor. En definitiva se trata de construir la casa sobre roca firme.

Aquí nos encontramos con una de las grandes realidades: el crecimiento personal rompe nuestras barreras personales, pero las que configuran nuestras estructuras, nuestra sociedad y nuestras realidades requieren un mayor esfuerzo. Eso nos ha situado hoy en la importancia de la educación como herramienta para romper el ciclo de la pobreza. ¿Cómo lograr ir un paso más allá y que el pobre sepa, desde su autoconocimiento y libertad, promocionarse? Dentro del carisma vicenciano, encontramos en la educación integral de la persona una herramienta fundamental para erradicar la pobreza, independientemente del tipo que ésta sea. Se trata de educar a los pobres para que sean artífices de su propio desarrollo. Educar en el valor de la persona, en sus capacidades, en los conocimientos necesarios para entender y manejarse en el mundo. Convertirle a través de la educación integral en protagonista de su propia autopromoción; que la caña, el pescado y la pesca sean fruto de  sus propias manos.  Trabajar no sólo con el hermano, sino también con la sociedad para que, desde ella, se descubra el valor de la educación para cambiar el mundo. Una actitud que nos exige estar atentos para no perder la oportunidad de trabajar junto a otros agentes sociales, que parten desde el  mismo planteamiento educativo.

Nosotros experimentamos esto cada mañana. Cada vez que entramos en el taller con los niños, les acompañamos en la piscina, servimos sus platos o compartimos cómo ha ido el día con sus madres les estamos educando. Eso nos convierte en referentes y nos exige mucha más coherencia que, como cristianos, tiene que radicar en hacer de nuestra vida un  reflejo del Evangelio. En los momentos, mensajes y experiencia que construimos con los niños ellos son los protagonistas. Ellos son los que dan el paso y los que redescubren su dignidad, pero no de cualquier forma, sino desde el mensaje de amor de Dios que testimoniamos. Y en este camino van colando sus pasos hacia su lugar en el mundo, transformándolo, cambiándolo. Así la tristeza de algunos se convierte en risa, la rabia en energía para hacer una manualidad y la disponibilidad en ayuda para el niño que no entiende la prueba de una gymkana.

Así es como vemos que la educación cambia su realidad, desde ellos y acompañados desde el amor. Como decía Aristóteles, “educar la mente sin educar el corazón no es educación en absoluto”. En definitiva somos como esa bisagra que permite abrir la puerta, pero es el hermano quien empuja y tiene la fuerza para empujar. Una bisagra alimentada por el Espíritu, con piezas que forman una comunidad, y que hace que, tras cruzar la puerta, todos sigamos caminando con él.

Superhéroes de la Escuela de Verano

 

Con esta foto queremos significar que es la propia persona la que da el paso
de avanzar, de promocionarse, de cruzar esa puerta.
Mientras el resto, que conformamos la sociedad, nos convertimos
en esa bisagra o mano que está dispuesto a ayudarle y acompañarle.
 

 

 Primer camino ddPrimer camino Primer camino: Del asistencialismo a la promoción humana integral

Es movimiento, no inercia. Es movimiento lo que abre la puerta azul del Centro Contigo y da la bienvenida a 90 cabecitas que miran ansiosos. Al otro lado, el movimiento encierra amor y servicio en forma de disfraz de superhéroes. Nuestro reto es explicarles que podemos cambiar el mundo, que todos encerramos un poder y que tan sólo tenemos que redescubrirlo. En esta escuela no hay profesores ni alumnos, sino que todos somos aprendices. Aprendemos a través de la oración, la comunidad y el servicio, donde los niños son parte fundamental de encuentro y experiencia de Dios.

Así que durante el día, sacamos las capas, las pinturas, los escudos y antifaces que son nuestras herramientas para transmitir a los niños los valores necesarios para transformar su mundo. Tras vivir la experiencia de servicio, dejamos aparcados nuestros disfraces y nos llenamos de autenticidad para reflexionar el para qué, el cómo y el qué nos llama a estar aquí. Como vicencianos nos preguntamos qué estamos haciendo con el hermano y qué podemos hacer por él. Desde estas dos inquietudes, y recogiendo las palabras del P. Maloney, hemos comenzado a reflexionar cómo podemos actualizar nuestro carisma vicenciano para dar respuesta a nuevas realidades y, en ellas, hacer de nuestra vida Evangelio. En definitiva, concretar cómo vamos a gritar la Gran Verdad sobre la que hemos trabajo durante todo el año.

Intercambiando experiencias, las distintas realidades que tenemos en nuestras comunidades y cada uno desde nuestro crecimiento personal, hemos abierto este foro reflexionando sobre cómo pasar del asistencialismo a la promoción integral de la persona. Piensa en tu centro, en tu comunidad de referencia y en tu realidad: ¿cuál es tu respuesta ante las necesidades? ¿Ofrecemos la caña?, ¿le damos directamente el pez?, es más, ¿nos planteamos si necesitan pescado? ¿Somos instrumentos que cambian el mundo?, ¿estamos presentes en todas las esferas de la sociedad? Estas son las preguntas que durante el día nos han removido. No podemos detenernos en simplemente dar un plato de comida, una manta o un abrazo, es necesario dar un paso; que la urgencia no ciegue lo verdaderamente importante: el hermano. Creemos que es necesario ver al hermano en todas sus dimensiones, trabajando para llegar al fondo de sus necesidades y luchando por lograr su promoción integral. Esto supone escucharlo, apoyarlo, acompañarlo, involucrarse más, tener los ojos bien abiertos y amplificar su voz de denuncia. El tiempo de crisis que vivimos no debe ser un freno, sino un revulsivo para ser más creativos, estar más dispuestos y ser más firmes en vivir nuestro carisma.

Las respuestas que vamos encontrando no pretenden ser un libro de recetas donde anotar soluciones. Queremos encontrar un espacio en el que compartir nuestra experiencia personal en comunidad y, juntos, crear nuevas alternativas que luego traslademos a nuestras realidades. Y, por supuesto, compartirlas con vosotros. La vida en comunidad, la oración y el servicio nos dan la primera respuesta. Juntos hemos orado sobre el lugar que ocupa nuestros corazones y nuestras manos en este gran engranaje puesto al servicio del hermano. ¿Qué clase de sembradores somos?, ¿dónde sembramos nuestra semilla? “Y de la oración, vamos al pobre”, por eso la segunda respuesta es iniciar el movimiento; el mismo movimiento, amor y servicio, con el que cada mañana abrimos la puerta.

Superhéroes de la Escuela de Verano

 

Con este símbolo hemos querido representar nuestra reflexión sobre un posible camino de actualización del carisma vicenciano: convertir el asistencialismo en promoción integral de la persona. Atender a lo urgente sin dejar de lado lo importante, ir más allá, viendo a la persona en su totalidad, estando atentos y disponibles para ser manos que apoyan e impulsan al hermano, un impulso que va desde sus necesidades y no desde las nuestras.

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