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CENTRO SIGAMOS

No es posible contar la historia del Centro “Sigamos” sin contar la historia de las personas que han pasado por Él: niños, niñas, padres de familia, amigos del Centro, apoyo de otras instituciones, las demás obras sociales de la Parroquia… Son muchas caras las que recordamos, muchos momentos y esperanzas compartidas.

Una cara protagonista ha sido y es Don Florencio Ayala. Él es una de esas personas que, cuando comparte su testimonio, te hace quitarte las sandalias porque su vida es tierra sagrada. Presidente de A.SA.P.DIS. (Asociación sacabeña de personas con discapacidad). Desde hace más de 10 años surgió en Sacaba un grupo de personas cuyo sueño era dar espacio a las personas con discapacidad, para reunirse, compartir y trabajar juntos. De este empeño, surgió el que hoy es el Centro “Sigamos”.

“… Al principio íbamos casa por casa tocando puertas, animando a los padres a que sacasen a sus hijos del último patio de la casa dónde los tenían escondidos… Empezamos trabajando con 5 niños en el kínder de la parroquia, después pudieron ir a un Centro en la ciudad… pero nuestro sueño fue siempre poder hacer algo igual acá, en Sacaba… Gracias a Dios hoy tenemos un Centro que ayuda a la rehabilitación de nuestros niños…”.

Tampoco es posible contar la historia del Centro “Sigamos” sin contar la historia de las mamás de los niños y niñas. Mujeres sacrificadas pero bien valientes, quienes, aún sin comprender e integrar la discapacidad, trabajan para ofrecer a sus “wawas” una vida más digna.

Ahí está Doña Cristina, mamá de Luis Miguel, un niño sordo por secuela de meningitis. Madre y padre de tres hijos con una vida de dedicación a ellos. Líder del grupo de promoción de la mujer (más conocido como las señoras de la artesanía “Maquiswan Songowan Ruaska”, que significa “hecho con las manos y el corazón”.

Tampoco es posible contar nuestra historia y menos la más reciente, sin contar con toda la gente que ha puesto sus ilusiones junto a las nuestras: tantos grupos de JMV y de la Familia Vicentina que nos han regalado su esfuerzo. Podríamos nombrar personas concretas, actividades, esfuerzos… A todos les tenemos en el corazón y nos sentimos profundamente agradecidos.

Y, por supuesto, no podemos contar la Historia del Centro “Sigamos” sin cada uno de los niños, niñas jóvenes y adolescentes que han pasado por él: Luis Fernando, Alex, Grego, Delia, Moisés, Axel, Lucy, David, Ivert, Estefany, Marizabel, Delma…

“¿Sabes qué queremos los lisiados?… (Queremos) que nos vean. Cuando me ven por ahí, ¿sabes que ven? ¡¡Nada, me ignoran!! ¡¿Cómo pueden ignorarme?! ¡¿Cómo pueden ignorar eso?!, ¡pero me ignoran!... Porque soy tan inquietante para su definición de ser humano que no pueden evitar SENTIR… Me encanta lo que has creado; ayudará a hacer que nos vean…” (Extracto de la Película “La Voz Interior”).

Las personas con discapacidad, verdaderamente, nos hacen SENTIR.

La discapacidad, en el medio de Sacaba, ha sido y es un tema complicado y por ello, un reto para los que acá trabajamos. Hoy por hoy, sigue habiendo niños y adultos escondidos en sus casas, muchas veces por miedo, ignorancia o superstición… No es fácil ser discapacitado en este medio, lleno de barreras arquitectónicas. Por ejemplo, se está construyendo una nueva terminal para buses que no cuenta ni con una rampa ni con ascensor para que, cualquier persona en silla de ruedas pueda acceder al segundo piso. Igualmente faltan políticas a favor de las personas con discapacidad, bueno, las hay pero ni se aplican ni se sanciona la falta de aplicación.

Pero, mirando desde nuestro balcón, mirando la realidad de las personas con discapacidad que conocemos de cerquita, descubrimos que la discapacidad se agrava por la realidad que envuelve a la persona. Una realidad de violencia intrafamiliar, progenitores ausentes, extrema pobreza, escasez de recursos accesibles, falta de aceptación social…

A diario, las personas con las que trabajamos, tanto niños y niñas con discapacidad, como sus familias, nos ponen en jaque, porque nos cuestionan, nos interpelan, nos hacen preguntarnos porqués y para qués… Junto a las personas con discapacidad ponemos a prueba nuestra propia discapacidad, que no es otra, que la de tener los ojos y el corazón cerrados o medio abiertos a lo diferente, a lo que no entendemos y nos interpela la propia vida.

Y sobre todo nos ponen en jaque, porque nos hacen ver la vida desde lo pequeño, desde la alegría y la conquista diaria, desde el dejar de ir a 120 Km/h e ir a 20, 15 e incluso 1 Km/h… Nos pone en jaque porque toca nuestra propia vida interior, descubriendo a Dios en ellos y junto a ellos. Santa Luisa de Marillac, lo diría de otra manera: “…Nuestro Señor, naciendo en la pobreza y el abandono de las criaturas, me enseña la pureza de su amor…” (SLM, E. 23). Pues eso es lo que descubrimos día a día, que, en medio de la pobreza, no sólo de la persona con discapacidad, sino también la nuestra propia, “…Diosito nos acompaña siempre…”.

Por todo lo compartido, el trabajo del Centro “Sigamos”, intenta llegar a la persona y a su entorno, aunque no siempre sea fácil. Tenemos la gran suerte de contar con un equipo interdisciplinario conformado por nueve personas, más voluntarios e internos de fisioterapia o psicología, que ponen su cabeza y corazón, sus conocimientos, pero también muchas de sus ilusiones al servicio de los niños y niñas del Centro. Cada una de ellas, sin saberlo y sin llamarse así, son verdaderos vicentinos y llevan el carisma como bandera de su trabajo, organizando y ofreciendo un servicio de calidad a las personas más empobrecidas y marginadas.

Sabemos que, como Obra Social que pretende llegar a las personas con discapacidad más desfavorecidas de Sacaba, tenemos por delante aún muchos retos, mucho camino pero los enfrentamos llenos de ilusión y esperanza, conscientes de que no estamos solos en hacer vida el Evangelio.

Sabemos que hay muchos Vicentinos, Laicos, Hermanas y Misioneros Paúles trabajando en cualquier rincón del mundo, haciendo de su vida ‘Caridad y Misión’. Desde Sacaba, con el trabajo que realizamos, nos unimos a todos ellos, en un mismo Espíritu, sintiéndonos hermanos y compañeros de camino.

Comunidad MIsionera Laica Vicentina

 

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